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lunes, 15 de julio de 2013

¿Por qué crean tanta adicción las redes sociales?


En 2012 un total de 2.400 millones de personas utilizaron Internet en todo el mundo. De todos ellos, un 93% tiene al menos una cuenta activa en alguna de las redes sociales, según datos de la consultora Cocktail Analysis.

En la parada del autobús, en el autobús, en la sala de espera del médico, andando por la calle, en el trabajo, en una reunión, en un concierto, a la salida de clase, en el parque, en el ascensor, en una comida, en el baño, en la cocina... Con el móvil a todas partes y a todas horas. Así se puede ver a cada vez un mayor número de personas, y a cada vez más jóvenes. No pueden dejar pasar un minuto sin entrar e facebook, twitter, responder a un whatsApp...
No son pocas las advertencias que se hacen desde algunas organizaciones sobre la necesidad de hacer un buen uso de las nuevastecnologías porque, en pocas palabras, generan adicción tanto a padres como a hijos. Pero, ¿cuáles son las verdaderas causas? ¿Por qué nos sentimos, en muchos casos, dominados por las redes sociales?
Gustavo Entrala, experto en la materia, cofundador y CEO de laagencia 101, aporta las principales razones por las que enganchan tanto las redes sociales:
Twitter, facebook... permiten con gran facilidad entrar en contacto con otras personas. Las relaciones que se generan son muy «light», pero basta con apretar un botón para tener «momentazos digitales» y que miles de personas te sigan.
—En las redes sociales solo proyectamos lo positivo: lo bien que nos lo estamos pasando montando a caballo, en la playa, las foto de una buena mariscada... Uno no percibe la verdadera realidad social de las personas porque no se cuentan las desgracias.
—Producen una sensación de gratificación muy rápida. Yo escribo e inmediatamente hay una respuesta. Ese «feedback» produce un estímulo muy positivo. En facebook, por ejemplo, no existe el botón de «no me gusta», lo que implica que los estímulos que uno recibe serán casi siempre positivos.
—El teléfono, el ordenador... son todos ellos dispositivos que nos obedecen. Basta con teclear unas letras y apretar un botón para entrar en la web de ABC, buscar hoteles, información de un tema determinado, hacer una reserva en un restaurante, conseguir imágenes...
—Conllevan un reconocimiento personal. El ser humano, por naturaleza, anhela sentirse querido, interesante, que le miren y observen y ese sentimiento en las redes sociales se obtiene multiplicado por infinito. Si uno ha tenido un mal día y está de bajón, se conecta a las redes y compensa esa frustración con la sensación de popularidad en las redes.
—Al usuario le hace sentirse activo mientras realiza una labor de investigación, busca información, responde mensajes, publica mensajes, fotos... aunque, en realidad, no esté haciendo nada útil de verdad.

¿Qué tipo de adicto eres?

1. El que le gusta todo
Para ahorrar tiempo, en vez de escribir algo en los posteos que le interesan, se limita a hacer click en “Me gusta”. Como consecuencia, sus amigos se ofendenporque cuando cuentan alguna noticia triste a través de Facebook reciben un “Me gusta” en lugar de un consuelo.

2. El chequeador compulsivo
Revisa su teléfono cada dos minutos en busca de nuevos tweets o fotos en Instagram, sin que le importe qué está haciendo o con quién se encuentra. Ya nadie soporta cenar con él porque no presta atención y es habitualmente multado por chequear el teléfono mientras conduce.

3. El que odia las vocales
Se deshace de todas las vocales que puede en sus tweets con el afán deaprovechar al máximo sus 140 caracteres. No sólo tira por la borda la gramática, sino que contagia toda su escritura con ese mal y termina escribiendo de la misma forma en sus correos, blogs y hasta en el trabajo.

4. El autorreferencial
Contesta la mayor parte de las preguntas que le hacen de la siguiente manera:“Deberías leer lo que escribí en mi blog acerca de eso”. Usualmente termina generando rechazo en sus círculos sociales, porque, a fin de cuentas, no contesta sus preguntas.

5. El amante de los alertas
Dispone su teléfono para que alertas sonoras le avisen ante cualquier cosa que pueda ocurrir: tweets, retweets, comentarios o fotos compartidas. Entonces, ante cada zumbido del celular, deja de preocuparse por lo que está haciendo y no puede tranquilizarse hasta averiguar qué pasó en el universo de las redes sociales.

6. El iracundo
Se enoja violentamente cada vez que una red social falla o se cae su sistema. A pesar de las nulas consecuencias que puede tener para su bienestar la imposibilidad de tweetear algo durante algunos minutos, la ira lo afecta durante horas.

7. El gurú social
En su tarjeta de presentación se autodefine como “Social Media Guru”. El problema es que en la actualidad, casi todo el mundo es un experto en redes sociales, así que no es muy distinto a presentarse como “Ser humano”.

Convierte en verbos a las redes sociales. No puede evitar utilizar frases como “necesito Instagram esto”, o voy a Reddit lo otro. Así pierde todo el poco crédito social que tanto se había esforzado en conseguir.

9. El socialmente influyente
Permanentemente revisa su nivel de influencia en todos los sitios que dan un puntaje. El problema es que al estar más preocupado por ver la incidencia que tiene que en escribir y subir cosas influyentes, termina dejando de influir.

10. El que se anota en todo
Se asocia a los sitios de todos los lugares que le interesan: clubes, bares, restaurantes. De tanto tiempo que dedica a asociarse, no le queda tiempo para ir a esos lugares.

Hay quienes afirman que "las redes sociales ya no son una moda, sino que son un hábito".








jueves, 11 de julio de 2013

House sitting: alojamiento gratis como cuidador de casas. Una manera de poder ser nómade


House Sitting es un término en inglés que se refiere a la actividad por la cual las casas son cuidadas a tiempo completo cuando sus dueños no pueden hacerlo.
En variadas ocasiones los dueños de las casas deben alejarse de la misma por varios días, meses o incluso años, debido a razones tales como nuevas oportunidades de trabajo en el exterior, vacaciones prolongadas, tratamientos médicos en países aledaños, ec. y es aquí cuando se necesita a una o más personas que lleven a cabo el cuidado de mascotas y jardines.
Ser cuidador de casas (house sitting) implica que, cuando el dueño de la misma tiene que ausentarse por un período de tiempo determinado, confía en una o más personas para que se queden en su hogar en base a un acuerdo mutuo que implica que los segundos no deberán pagar alquiler a cambio de asumir las responsabilidades de cuidar las mascotas, llevar ciertas tareas de mantenimiento (piscinas, césped, correo, etc). La función principal, detrás de todo esto, es la de ahuyentar a los amigos de lo ajeno y tener todo como si el dueño nunca se hubiera ido.
En Inglaterra, por ejemplo, desde 1980 funciona un servicio llamado Homesitters. No se trata de una agencia sino de una compañía que emplea directamente a 1.000 home sitters y las deriva a los hogares que quedan vacantes. Si bien se cuenta con la seguridad de que la persona que estará viviendo entre nuestras cuatro paredes es de fiar, el servicio no es barato (el básico es £37 por 24-horas más £7 por día para comida).
En vistas de que esta no era la solución mejor, ahora los propietarios a nivel mundial pueden encontrar quien les cuide su casa por poco o nada de dinero a través del sitioTrustedHousesitters.com – donde eliges al cuidador de una manera rápida y confiable.
TrustedHouseSitters se lanzó a fines de 2011 y ya ofrece más de 400 perfiles de potenciales cuidadores y entre 100-150 ofertas de lugares disponibles para ocupar de dueños de todo el mundo. Se requiere un pago para registrarse (accesible, por cierto) y para mantenerse activo hay que pagar mensualmente o por año. A cambio, el servicio permite que los dueños puedan ubicar listas seguras y buscar “inquilinos”, leer reseñas de anteriores encargos que hayan cumplido los mismos, mirar referencias, fotos, perfiles en video y chequear información hasta con la policía.
Los cuidadores pueden subir sus perfiles desde más de 30 países. Actualmente, entre los sitios ofrecidos para cuidar encontrarás: hacer compañía a mascotas en un hogar del siglo XVI en la isla Wight, habitar una propiedad de montaña en Galicia o en una villa oceánica en México. Si tanto el dueño como el cuidador están interesados en trabajar juntos, pueden contactarse a través del sitio y, si lo desean, también vía Skype.

Sin dudas, ser cuidador de casas es una gran manera de poder ser nómade, de conocer nuevos lugares y hacer amigos con un presupuesto muy bajo.


Copia de nota realizada a una pareja de argentinos que vive esta experiencia

Magalí y Ramiro son dos argentinos que en 2012 dejaron el país "aburridos de la vida normal". Hoy "trabajan" cuidando casas y mascotas en el lugar del mundo donde los convoquen. Desde Nueva Zelanda contaron a Infobae cómo es su vida.

¿Cuándo y cómo fue que decidieron dejar todo en la Argentina y dedicarse a viajar?
En noviembre de 2011 comenzamos a sentir que era momento de dejar la Argentina. Por supuesto, fue un mes de muchas dudas porque no teníamos absolutamente nada en concreto. Sólo la necesidad de salir a ver el mundo, de vivir otras experiencias, deconocer otras culturas. Sentíamos que algo de "la vida normal" (un trabajo de 8 a 17, la facultad, ciertas rutinas) estaba alejado de nuestras pasiones y nuestra forma de vivir la vida. Antes de viajar nos preguntábamos al respecto de estas rutinas externas al cuerpo que no respetan los tiempos personales, encontrábamos que no había momentos para la creatividad, momentos de dormir, momentos de ocio. Y así fue como sentimos que viajar iba a ser una puerta a muchísimas otras cosas, por lo que nuestro viaje más que un comienzo, fue la culminación de cosas que veníamos pensando y sintiendo juntos. 
¿Cuáles fueron los primeros destinos que conocieron?
El primer país al que arribamos fue Italia y llegamos exactamente a Venecia. ¿Por qué? Tampoco lo sabemos. Simplemente decidimos que no queríamos llegar a una ciudad grande como Roma. El norte de Italia nos recibió con el primer sol de primavera luego de un invierno duro para los europeos. Fue un momento de romper mitos e ideas previas: encontramos gente hermosa, siempre nos ayudaron, jamás vivimos situaciones de discriminación (como mucha gente nos había advertido en la Argentina). Además descubrimos nuevos ritmos y costumbres, y nuestros sentidos conocieron el aroma del café italiano, el sabor de la verdadera pasta, etc. Tuvimos la oportunidad de vivir un mes con una familia italiana y fue una de las mejores experiencias que tuvimos en el viaje. Dormir en una casita rodante y despertarte todos los días con los pájaros y el sol de La Toscana, desayunar temprano, trabajar en una chacra, aprender los secretos culinarios de doña Giovanna. ¡Fue una experiencia realmente hermosa! 
El segundo país que conocimos fue República Checa y nos maravilló. Allí casualmente conocimos a Antonio, un checo que ama nuestro país y nos recibió con un mate humeante delicioso. Nos enamoramos de Lyza, el pueblito en donde vive él, así que lo ayudamos en la huerta durante un mes en verano. Praga, además, nos pareció una de las ciudades más hermosas que conocimos hasta el momento. 
¿Cómo conocieron que había algo llamado "house sitting" y por qué decidieron sumarse?
En realidad fue súper gracioso: cuando estábamos en La Toscana trabajando en la granja orgánica de la cual hice referencia, llegó un momento en que sentimos que necesitábamos tener un tiempo para nosotros. La realidad es que cuando viajás con poco presupuesto pocas veces tenés la oportunidad de soledad y para nosotros estaba siendo algo necesario. 
Así, un día le hice una broma a Rami: "Qué bonito sería cuidar una casa en Andalucía, y cuidar unos gatos". Y pensé: ¿Por qué no buscar en internet? Ese mismo día encontré la primera web para hacer house sitting, y comprendí dos cosas: en primer lugar, en Latinoamérica no es muy conocida esta modalidad porque son culturas diferentes. Por ejemplo, en la Argentina si te vas de viaje, es normal que vecinos, amigos o parientes cuiden tu casa, tus mascotas y tus plantas. Sin embargo, en otros países la situación es diferente. Y en segundo lugar, el término "cuidador de casas" al menos en la Argentina refiere a un trabajo estable, y no tanto a un trabajo para viajeros. 
Por eso cuando encontramos que el nombre que se estaba utilizando era "house sitting"se abrieron muchísimas puertas para nosotros. ¿Por qué decidimos hacerlo? Por varias cuestiones, pero las más importantes fueron que necesitábamos tiempo para nosotros, no sólo para estar en soledad y siguiendo nuestros ritmos si no porque teníamos muchos proyectos (online) que queríamos concluir. Por supuesto, también el tema del dinero era importante: tener la posibilidad de vivir en un país sin pagar renta parece sorprendente. Y luego te das cuenta de que ésta es una forma real de sumergirte en una cultura nueva, así que éste es uno de los motivos por los que seguimos viajando de esta forma. 
¿Qué lugares conocieron bajo esta modalidad?
Conocimos Italia, República Checa, España, Turquía, Camboya, Indonesia y Nueva Zelanda. ¡Países todos increíbles! 



 ¿Cómo van decidiendo el itinerario? ¿Cómo eligen el siguiente destino cuando se termina la estadía en una casa, por ejemplo?
Lo decidimos varios meses antes, y lo cierto es que es al azar. Cuando ingresa a mi mail una alerta de una nueva casa para cuidar y coincide con nuestras fechas, si sentimos que es para nosotros, enviamos nuestra solicitud. Así locamente hemos tenido una agenda de "sitters" súper ocupados: salimos de una casa e ingresamos a otra, dejamos la segunda y ya tenemos la tercera. ¿Y el destino? Simplemente pensamos: ¿queremos conocer Turquía? ¡Sí! Pues allá vamos. 
¿Cuál fue el destino que más les gustó? ¿Y a cuál desean ir y aún no conocen?
Uf, qué difícil esta pregunta. No somos muy buenos decidiendo qué lugares nos gustaron más porque todas fueron experiencias inolvidables. Aún así, si tuviéramos que decidir dos ciudades, nos quedamos con Praga y con Estambul. Estos dos países nos parecen sorprendentes bajo todos los términos. ¿A cuáles queremos ir? ¡A todos! Por supuesto, una gran cuenta pendiente es Centroámerica. 
¿Hay experiencias de house sitting con turistas en la Argentina? 
Sólo vi una casa para cuidar a través de las páginas web que utilizamos. Como decía al principio, creo que es una diferencia cultural: en la Argentina si te vas de vacaciones alguien siempre (con mucho buena predisposición) cuida que en tu casa todo funcione correctamente. Lo cierto es que también en Argentina la inseguridad es un tema de agenda, por lo que no muchas personas confían en dejar su casa al cuidado de un extraño. Sin embargo, en otros países del mundo es sorprendente (¡y muy hermoso!) cómo la gente sigue viviendo con confianza ante sus semejantes y compartiendo experiencias tan lindas como las de house sitting o couchsurfing sin tener temor a que cosas malas sucedan. 
¿Está en sus planes volver a la Argentina en algún momento?
Mmm… No, en principio no. ¡Hay tanto para conocer! Y por el momento no hay cosas que nos liguen a la Argentina: extrañamos poco (aunque tenemos a personas importantes en el corazón, por supuesto), pero sabemos que comenzar a viajar fue una de las mejores y más arriesgadas decisiones que tomamos jamás. Realmente nuestra vida cambió muchísimo desde aquel acalorado noviembre.






miércoles, 10 de julio de 2013

Niños esclavos


Palizas continuas, niñas que comen de restos, niños que trabajan 15 horas seguidas o padres que obligan a sus hijos a trabajar y además no son recompensados son algunas de las historias más vergonzosas que se dan en el mundo de hoy en día.

Varias ONG alertan de que aún en el siglo XXI millones de niños son esclavizados en el mundo y exigen a los gobiernos medidas para poder acabar con esta lacra, que es "causa y consecuencia de la pobreza".

La esclavitud infantil sigue vigente en todo el mundo, donde millones niños trabajan todavía en condiciones infrahumanas por un salario indigno. Cada uno de ellos arrastra una historia de dolor y sufrimiento, con el común denominador de haber sido arrancados de su tierna infancia para enfrentarse al lado más oscuro de la existencia.


Farras se convirtió en jefe de familia cargando ladrillos sobre su cabeza


Farras Khan Sinwari es uno de esos niños que no disfruta de uno de los derechos más básicos de la infancia: la educación. Farras trabaja, junto a sus dos hermanos de tan solo 2 y 3 años, en la fábrica de ladrillos de Karkla, a 15 kilómetros al este de Peshawar en Pakistán.
Farras ya en la preadolescencia, trabaja 12 horas seguidas fabricando y trasladando pilas de pesados ladrillos sobre su cabeza.
Sus hermanos, todavía unos bebés, son utilizados por su poco peso para girar los ladrillos sin deformarlos para que se aireen.


Hajira trabaja 14 horas diarias para comer cada dos días

Hajira, de 8 años, trabaja 14 horas diarias machacando viejas baterías hasta poder extraer la varilla de carbono para su reutilización en Dacca, capital de Bangladesh.
Familias enteras trabajan bajo una nube de polvo negro que lo invade todo.
La madre de Hajira consigue sacar y limpiar unas 3.000 varillas al día. El duro trabajo de una jornada les permite comer cada dos días.

Kong de 11 años, vive de lo que encuentra en un vertedero


Kong Siehar, de 11 años, trabaja rebuscando en un vertedero de Phnom Penh en Camboya entre nubes de moscas, aves rapaces, un hedor insoportable y gases tóxicos de los fuegos provocados para quemar los desechos. Niños de entre 7 y 11 años descalzos se afanan para conseguir entre la basura cualquier cosa susceptible de ser vendida. El salario no llega al medio euro diario cuando encuentran algo y consiguen compradores.
El nivel de dioxinas procedentes de la combustión química de la basura y los metales pesados hallados en el metabolismo de estos chicos es la causa del creciente número de cánceres detectados.


Carlos come sólo si encuentra esmeraldas

A miles de kilómetros de distancia, Carlos, de 12 años, trabaja con su hermana pequeña y su padre filtrando con pala y tamices desechos de las minas de Muzo, a 90 kilómetros al norte de Bogotá, capital de Colombia. Buscan lágrimas verdes de Kong: minúsculas esmeraldas o polvo de ellas que se han escapado del filtro de la mina.
No cobran por su trabajo, dependen de la suerte de encontrar alguna fracción de estas piedras preciosas.

Mohammad tiene dos trabajos y gana menos de un euro por día

Mohammad Faisal Hossain, de 12 años, vive en una barriada urbana en la capital de Bangladesh, Dhaka. Su madre, la hermana menor y el hermano dependen de él para obtener ingresos. Su padre les abandonó hace años.
“Yo realmente odio este trabajo. No hay nada que se pueda disfrutar con este trabajo –es muy peligroso. Yo podría morir algún día, mientras hago esto-, no hay seguridad. También me dan ganas de ir a la escuela. Quiero ir a la escuela como los demás niños. Pero mi madre no tiene la capacidad de pago de mis gastos de educación”, cuenta Mohammad, en un relato que conmueve.
Su madre, Rokhsana Begum solía trabajar como empleada doméstica, pero se enfermó y tuvo que abandonar el trabajo. “Ahora, simplemente no puedo permitirme que continúe sus estudios. Su padre nos dejó hace unos años. No tengo más remedio que mandarlo a trabajar”, explica.
El día de Mohammad se divide en un trabajo por la mañana en el que reparte periódicos en la calle y vende mermelada en las estaciones de tren y paradas de autobús local de Dhaka. Y otro otro trabajo por la tarde en el que se desempeña como ayudante en una pequeña empresa de transporte público. Se pasa la tarde anunciando los destinos y controlando los billetes de los pasajeros. Termina el día agotado y apenas ha logrado ganar menos de un euro.

Nagma cosía cuentas de vidrio y se convirtió en luchadora se los derechos del niño

Nagma tiene 15 años y hoy se ríe y disfruta con sus amigos en el colegio. Pero dos años atrás, la vida de esta niña de la India era completamente distinta. Pasaba seis horas al día cosiendo cuentas de vidrio en telas en vez de estudiar. Su sueldo, menos de un dólar por día, ayudaba a mantener a su familia.
Nagma no ha olvidado todo lo que vivió y por eso se ha convertido en una gran activista en la lucha contra el trabajo infantil. “Me gustaría decirles a todos los padres: no hagáis trabajar a vuestros hijos, hacedles estudiar como yo. Yo quiero tener éxito en la vida, y vuestros hijos también, para que mañana puedan ayudaros”, afirma.


Braulio fue apaleado en la mina cuando cayó enfermo

En La Rinconada, Perú, son muchos los niños que tienen un destino casi asegurado: trabajar en las minas. Braulio, de 14 años, es uno de ellos. Desde muy joven se dedicó a transportar pesadas cargas de mineral. Alternaba ese trabajo machacando piedras.
“Un día no me sentía bien, estaba muy cansado y me caí varias veces mientras trabajaba. A la salida de la mina mi carretilla se volcó y todo el mineral se cayó. El encargado me estaba mirando, y por ello me pateó duramente”, cuenta el joven peruano.

El padre de Nora permitió dos veces que fuera esclavizada

Nora ahora tiene 22 años y las carencias que ha tenido a lo largo de su vida dejan en evidencia que no se ha desarrollado correctamente. De muy niña, cuando su madre murió, se sintió abandonada por su padre, quien jamás se interesó por ella.
Un día, una mujer apareció en su casa en un pequeño pueblo de Marruecos y se la llevó sin ninguna explicación. Durante tres años la mantuvo cautiva como empleada doméstica, hasta que logró escapar. Sin embargo, el remedio fue peor que la enfermedad. Cuando se reencontró con su padre, éste la envió a trabajar con otra familia en Agadir, cerca de Marrakesch. Nora trabajo en una casa donde realizaba todas las tareas domésticas y cuidaba a los dos hijos de la familia.
Después de ésa, trabajó en otras siete viviendas y, cuenta, muchas veces intentaron abusar de ella. “Saben que si nos hacen algo no pasará nada, nadie dirá nada, no habrá juicio, ni quejas…”, explica.













domingo, 7 de julio de 2013

Personas Tóxicas



¿Sabías que la mente refleja lo que percibe de su entorno, así como el cuerpo revela la alimentación que recibe? Si continuamente te envuelves de personas tóxicas, terminarás pensando y comportándote como las personas tóxicas. Al contrario, la compañía de personas positivas, te facilitan tener pensamientos positivos y además elevan el nivel de tu pensamiento. Por eso, el día de hoy, aprenderás tres técnicas que te ayudarán a tratar con las personas tóxicas.
La realidad es que las personas tóxicas están por todas partes y parecen disfrutar saboteando el progreso de los demás. Claro que son buena gente, pero tal vez, te puedan destrozar la vida. También existen otras personas tóxicas que son celosas, que no progresan y que desean que tú tampoco lo hagas. Ellas no se consideran valiosas y quieren hacerte sentir a ti igual de mediocre.
Esto me recuerda a una historia que demuestra el poder de la influencia que tiene nuestro entorno en nuestras vidas, y el impacto que pueden ocasionarnos las personas tóxicas y las personas positivas.
La historia dice así:
“Un grupo de ranas viajaba por el bosque cuando de repente dos de ellas cayeron en un pozo profundo. Las demás se reunieron alrededor del agujero, y cuando vieron lo hondo que era, les espetaron que debían darse por muertas, que no había nada que hacer. Esas ranas eran personas tóxicas. A pesar de todo, las víctimas intentaron salir del hoyo con todo su ímpetu, mientras las de arriba les gritaban que sus esfuerzos resultaban inútiles.
Finalmente, una de las ranas sucumbió ante lo que le decían las ranas tóxicas, se dio por vencida y murió. La otra continuó saltando con tanta fuerza como le era posible. Todas las ranas tóxicas le gritaban que todo era inútil, pero ella seguía saltando, cada vez con más fuerza. Hasta que milagrosamente salió del hoyo.
Las ranas tóxicas le preguntaron, sorprendidas: ¿acaso no escuchabas lo que te decíamos? La ranita, sonriendo, les explicó: como soy sorda, cada vez que las veía a ustedes gritar con tanto entusiasmo pensaba que me estaban alentando, exclamando: “¡ánimo, ranita, salta con fuerza, tú puedes, falta poco, una vez más, no pierdas la fe!”, y eso fue lo que me ayudó a salir del hueco”.
Esta historia nos enseña que por culpa de un entorno provisto de personas tóxicas, una rana murió. Otra sobrevivió sencillamente porque era sorda, y pensó que la estaban animando a salvarse.
Del mismo modo, sucede en nuestras vidas. Escuchamos constantemente quejas o frases como “no puedes”, “eso es imposible”, “ni lo intentes”, “no eres capaz”, provenientes de las personas tóxicas. Lógicamente, no nos ayuda en nada, y al contrario, nos desanima, atándonos a una vida llena de mediocridad.
“Las palabras de ánimo en su momento justo hacen milagros. Los malos consejos y las críticas, también aunque tienen el efecto contrario”. Diana Llapart.
Actitudes tóxicas
Lo que hace tóxicas a algunas personas son sus actitudes, que pueden ser características permanentes de su personalidad o haber aparecido luego de algún episodio puntual en sus vidas y, por lo tanto, desaparecer luego de un periodo más o menos determinado.

Las “personas tóxicas” no son muy difíciles de reconocer:
• Siempre encuentran algo negativo en todo lo que sucede en su entorno
• Siempre tienen la razón
• Son hirientes, agresivos, inflexibles y no aceptan que se les contradiga
• Disfrutan de la humillación del otro
• Sólo hablan de sí mismas y no escuchan al prójimo, mucho menos se interesan por los problemas o necesidades ajenas
• Necesitan constantemente la aprobación de los demás, sentirse importantes, ser reconocidos, a pesar de no tener logros relevantes en la vida
• Buscan manipular con mentiras
• Agreden innecesariamente y desvalorizan al otro para sentirse bien ellos mismos
• Dañan con intención sin jamás proponer una reparación
• Incomodan con sus imposturas
• Critican incansablemente a los demás, son envidiosos y resentidos
• Algunas veces son pasivos, llorones y viven de la lástima ajena, buscando ayuda constantemente y aprovechándose de los demás
• Se sienten vacios y buscan llenar ese hueco con nuestra amistad, tiempo o compañía, absorbiéndonos por completo, sin dar nada de sí a cambio
Lamentablemente, lo queramos o no, cualquier contacto con una de estas personas probablemente nos deje alguna repercusión poco placentera. Los síntomas más comunes de haber estado en contacto con personas tóxicas son:
• Pérdida de energía, malhumor
• Dolor de cabeza, de estómago, agotamiento
• Angustia y/o depresión por su visión tan negativa del mundo y de todas las situaciones de la vida
• Pérdida de motivación y de entusiasmo
Usualmente la aparición de estos síntomas parece no tener causa real. Sin embargo, haciendo memoria, uno puede darse cuenta de que ha estado en contacto con una de estas personas tremendamente negativas a lo largo del día, así sea por pocos instantes. Los “vampiros emocionales” son capaces de transmitir toda su frustración aun a nivel inconsciente.

Tres Técnicas Que Te Ayudarán A Sobreponerte De Las Personas Tóxicas.

1. Desarrolla una defensa contra las personas tóxicas que quieran convencerte de que no puedes hacerlo. Acepta consejos negativos solo como desafío, para demostrarles a las personas tóxicas que sí puedes hacerlo.
2. Se muy cauteloso con esto: no dejes que personas tóxicas destruyan tu plan de éxito, tus sueños o alguna meta. Sencillamente, ignóralos, pensando positivo.
3. Y por último, aplícate como norma pedir consejos solamente a personas que son exitosas y sean positivas.

sábado, 6 de julio de 2013

"Hikikomori": por qué tantos japoneses no quieren salir de sus cuartos


Se estima que hasta un millón de jóvenes japoneses permanecen encerrados en sus casas, algunas veces durante décadas. ¿A qué se debe esto?

Para Hide, los problemas surgieron cuando abandonó el colegio.

"Empecé a culparme, y mis padres también me responsabilizaron por no acudir a clase. Comenzó a crecer la presión", cuenta.
"Entonces, gradualmente, comencé a tenerle miedo a salir y a temer conocer a gente. Fue entonces cuando ya no pude salir de mi casa".
Poco a poco, Hide fue renunciando a todo tipo de comunicación con sus amigos y, eventualmente, sus padres. Para evitar verlos, dormía durante el día y se sentaba toda la noche a ver la televisión.
"Tuve todo tipo de emociones negativas", explica. "El deseo de salir, la rabia hacia la sociedad y a mis padres, tristeza por estar en esta condición, temor sobre lo que podría pasar en el futuro y envidia a las personas que llevaban una vida normal".
Hide se ha vuelto un "aislado" o hikikomori.
En Japón, hikikomori es el término que también se utiliza para describir a la gente joven que se aísla. Es una palabra que todo el mundo conoce.
Tamaki Saito acababa de titularse como psiquiatra cuando, a principio de los 90, fue sorprendido por el número de padres que buscaron su ayuda porque sus hijos habían abandonado el colegio y se habían escondido durante meses, algunas veces años. Con frecuencia estos jóvenes pertenecían a familias de clase media, casi todos hombres, y la edad promedio de este retiro voluntario era de 15 años.
Esto puede sonar como pereza de adolescente. ¿Por qué no quedarte en tu cuarto mientras tus padres esperan? Pero Saito explica que los que sufren esto están paralizados por un profundo temor social.
"En sus mentes están atormentados", aclara. "Quieren salir al mundo, quieren hacer amigos y tener novias (o novios), pero no pueden".

Un grupo de personas que se superponen con a los hikikomori, son los otaku: "geeks" o "nerds"

Violentos, paranoicos, depresivos

Los síntomas pueden variar. Para algunos, explosiones de violencia se alternan con comportamientos infantiles como patear a la madre. Otros pacientes pueden ser obsesivos, paranoicos y depresivos.
Cuando Saito empezó su investigación, el aislamiento social no era algo desconocido, pero era tratado por los doctores como un síntoma de otros problemas, en vez de un patrón de comportamiento que requería un tratamiento especial.
Desde que llamó la atención del fenómeno, se cree que el número de hikikomori ha aumentado. Una cifra estimada conservadora de personas afectadas sería 200.000. Pero en 2010 una encuesta del gobierno de Japón arrojó una cifra mucho más alta: 700.000.
Debido a que por definición, quienes sufren de este fenómeno se esconden, Saito considera que la cantidad de afectados es todavía mayor, cerca del millón.
El promedio de edad de hikikomori también parece haber aumentado durante las últimas dos décadas. Antes era de 21 años y ahora es de 32.
Pero, ¿por qué se aíslan?
Lo que lleva a un chico a retirarse en su cuarto puede ser comparativamente leve -por ejemplo, notas bajas o corazón roto- pero el autoaislamiento puede convertirse en una fuente de trauma. Y poderosas fuerzas sociales pueden conspirar para mantenerlo allí.
Una de esas fuerzas es sekentei, la reputación de una persona en la comunidad y la presión que él o ella siente para impresionar a otros. Mientras más tiempo pasa un hikikomori aislado de la sociedad, más consciente está de su fracaso social. Ellos pierden cualquier autoestima y confianza que hayan tenido, y la perspectiva de dejar la casa se convierte en algo aún más aterrador.
Los padres también son conscientes de su estatus social, por lo que esperan meses antes de buscar ayuda profesional.


Presión familiar

Un segundo factor social es amae -dependencia- que caracteriza las relaciones familiares japonesas. Tradicionalmente, las mujeres jóvenes viven con sus padres hasta que se casan, mientras que en el caso de los hombres es posible que nunca se muden del hogar familiar.
Aunque cerca de la mitad de los hikikomori son violentos con sus padres, para la mayoría de las familias sería impensable echarlos de casa.
Pero tras décadas de apoyo a sus niños, los padres esperan que a cambio muestren respeto y cumplan con su papel en la sociedad de tener un trabajo.
Matsu se convirtió en un hikikomori después de que decepcionara a sus padres sobre su carrera y los cursos universitarios.
"Mentalmente estaba muy bien, pero mis padres me empujaron de tal forma que no quería ir", cuenta. "Mi padre es un artista y lleva su propio negocio, quería que hiciera lo mismo". Pero Matsu lo que quería ser era programador en una firma grande, ser uno más del ejército de "asalariados" de las corporaciones japonesas.
"Pero mi padre dijo: 'En el futuro no habrá una sociedad como esa'. Me dijo: 'No te hagas un asalariado'".
Como muchos hikikomori, Matsu era el hijo mayor y recibió todo el peso de las expectativas de los padres. Creció furioso al ver a su hermano menor hacer lo que quería. "Me volví violento y tuve que vivir separado de mi familia".
Una manera de interpretar la historia de Matsu es verlo como en la línea de fallos de un cambio cultural en Japón.
"Tradicionalmente, la psicología japonesa se veía como orientada a los grupos, los japoneses no quieren resaltar en un grupo", explica Yuriko Suzuki, psicólogo del Instituto Nacional para la Salud Mental en Tokio. "Pero creo que especialmente para las generaciones más jóvenes, quieren una atención y cuidado más personalizado o individualizado. Pienso que estamos en un estado mixto".
No obstante, incluso los hikikomori que desesperadamente quieren cumplir los planes que sus padres tienen para ellos pueden terminar sintiéndose frustrados.